La belleza de la animación en los estudios Ghibli

Los personajes femeninos independientes que los Studio Ghibli –a diferencia de Disney–creó para protagonizar sus películas, definieron el rumbo de su concepto cinematográfico. Este estilo fue obra de Hayao Miyazaki y Takahata, quienes fundaron el estudio en Japón durante el año 1985. Las cintas que nacieron de este centro de animación optaron por mostrar una visión de la feminidad distinta a la que conocemos: los héroes masculinos existen, pero la mayoría de las aventuras están dirigías por chicas valientes y apasionadas. “La princesa Mononoke” o “El viaje de Chihiro” son claros ejemplos de cómo el maestro Miyazaki convirtió la revolución femenina en uno de los sellos más importantes que caracterizan la belleza del arte en los estudios Ghibli.

 

Además de la temática, las claves estéticas de este estudio de animación japonesa van desde la transición que los personajes viven como íconos del anime no-tradicional, hasta el desarrollo de un mundo ideal o distópico, pero siempre empapado de belleza. La naturaleza es uno de los elementos imprescindibles en las películas de los estudios Ghibli, cada detalle dotado de verde está diseñado para que aún en medio del caos y la violencia de la trama, el espectador experimente la armonía que caracteriza al trabajo de Miyazaki.

Estudios Ghibli llegó para romper el estigma del anime y la idea de que el cine animado es sólo para niños. Envejecer, la soledad y la baja autoestima; el desamor y el fracaso; la muerte y el perdón; son algunos de los temas que se tocan en “Kiki, la aprendiz de bruja”, “Puedo escuchar el mar”, “Susurros del corazón” y otros filmes de esta productora. Lejos de una historia de caricaturas con final feliz, estas cintas son reflexiones profundas sobre las etapas que vive el ser humano y, por supuesto, son proyecciones artísticas de gran belleza. 

Los mundos construidos para crear “Ponyo en el acantilado” o “Mi vecino Totoro” son una gran paradoja, pues se trata de paisajes espectaculares llenos de verde y azul, en medio de conflictos o aventuras intensas. La obsesión de Miyazaki por la exquisitez de la ecología, en combinación con el rechazo que el director le tiene a la artificialidad y falsedad del cine animado, da como resultado un compilado de películas conmovedoras de estética sosegante. La ausencia de estridencias estéticas –típicas de la animación popular de Japón– y la influencia de la línea visual americana clásica, se fusionan en el modelo artístico de los estudios Ghibli.

Miyazaki ha sido capaz de convertir la animación de un campo inmenso, de un fantasma o la de una máquina –como en “El castillo en el cielo “ o “Porco Rosso”– en una obra de arte que extraña y encanta a cualquiera. La aparición de seres mitológicos como el dragón o los espíritus, es otro de los elementos visuales que diferencian éstas, de otras producciones. Estudios Ghibli es un motor creativo del que han brotado hermosas historias y, sobre todo, piezas de arte dignas del género de animación.  

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